Poesía

índice de poetas - índice de primeros versos - índice de poemas

ESCALA DE AMOR
Jorge Manrique (1440?-1479)

    Estando, triste, seguro,
mi voluntad reposava,
quando escalaron el muro
do mi libertad estava.
A escala vista subieron
vuestra beldad y mesura,
y tan de rezio hirieron
que vencieron mi cordura.

    Luego todos mis sentidos
huyeron a lo más fuerte,
mas ivan ya malheridos
con sendas llagas de muerte.
Y mi libertad quedó
en vuestro poder cativa,
mas gran plazer ove yo
desque supe qu'era biva.

    Mis ojos fueron traidores:
ellos fueron consintientes,
ellos fueron causadores
qu'entrassen aquestas gentes
qu'el atalaya tenían
y nunca dixeron nada
de la batalla que vían,
ni hizieron ahumada.

    Después que ovieron entrado
aquestos escaladores,
abrieron el mi costado
y entraron vuestros amores,
y mi firmeza tomaron,
y mi coraçón prendieron
y mis sentidos robaron,
y a mí solo no quisieron.

fin

    Qué gran aleve hizieron
mis ojos y qué traición:
¡por una vista que os vieron,
venderos mi coraçón!

    Pues traición tan conoscida
ya les plazía hazer,
vendieran mi triste vida
y oviera dello plazer.

    Mas el mal que cometieron
no tienen escusación:
¡por una vista que os vieron
venderos mi coraçón!
 
 

OTRA SUYA
Tapia (finales del siglo XV)

Ausencia puede mudar
amor en otro querer,
mas no que tenga poder
para hazer olvidar.

Porque siendo yo cativo
d'una dama que no veo,
tengo tan nuevo el desseo
que no sé cómo me bivo.
Y por esto de pensar
que ausencia mude querer,
mas no que tenga poder
para poder olvidar.
 
 

OTRAS SUYAS A UNA DAMA MUY HERMOSA
Tapia (finales del siglo XV)

Gentil dama muy hermosa,
en quien tanta gracia cabe,
quien os hizo que os alabe,
que mi lengua ya ni osa
ni lo sabe.
Y pues nombre de hermosa
os puso como joyel,
¿quién osará sino Aquél
cuya mano poderosa
hizo a vos cual hizo a Él?

Compara

Que la rica febrería
quien la haze es quien la'smalta,
pues hermosura tan alta,
que la loe quien la cría
tan sin falta.
Y si alguno acá quisiere
pensar que quiere loaros,
vaya a veros, y si os viere,
cuando acabe de miraros
no sabrá sino adoraros.

Porque aunque haga la cara
en perfectión el pintor,
siempre tiene algún temor
que la hiziera, si mirara,
muy mejor.
Mas quién a vos os crió
no tiene temor d'aquesto,
porque en todo vuestro gesto
las figuras qu'Él pintó
gran gentileza les dio.

Fin

Assí que hallo que Dios
y su Madre gloriosa
no criaron tan preciosa
hermosura como vos,
ni tan hermosa.
Y pues tanta perfectión
os dieron sin diferencia,
a vuestra gran excelencia
escrivo por conclusión:
«Dios haga vuestra canción.»
 
SONETO X
Garcilaso de la Vega (1501-1536)
     ¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
     ¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas qu’en tanto bien por vos me vía,
que me habiades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
     Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llévame junto el mal que me dejastes;
     si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes;
verme morir entre memorias tristes.
SONETO V
Garcilaso de la Vega (1501-1536)
     Escrito ‘stá en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.
     Es esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
     Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
     cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Francisco de Quevedo (1580-1645)
     Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
     mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía,
nadar sabe mi alma la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
     Alma a quien todo un dios ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
     su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
 
 

AMOR ETERNO
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

    Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
        como un cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crepón;
pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.
 
 

RIMA LIII
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

    Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
        jugando llamarán;
    pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
    Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
        sus flores abrirán;
    pero aquellas cuajas de rocío,
cuyas gotas miramos temblar
y caer, como lágrimas del día...
        ¡ésas... no volverán.
    Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
        tal vez despertará;
    pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar
como yo te he querido..., desengáñate,
        así no te querrán!
 
 

NOCTURNO
Rubén Darío (1867-1916)

    Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...

    En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...

    Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

    Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

    Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.
 
 

SUCESIVA
Gerardo Diego (1896-1987)

    Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.
    Onda tras onda irradian de tu frente
y, mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.
    Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.
    Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.
 
 

UNIDAD EN ELLA
Vicente Aleixandre (1898-1984 )

    Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando de la región donde nada se olvida.
    Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.
    Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde el fondo.
    Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
    Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
    Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.
 
 

MANO ENTREGADA
Vicente Aleixandre (1898- 1984)

    Pero otro día toco su mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa de amor hermoso.
    Es por la piel secreta, secretamiente abierta, invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo sólo sonido de mi voz poseyéndole.
    Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor - el nunca incandescente hueso del hombre -.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.
 

EN TI
Hugo Margenat (1933-1957)
No has ya de dudar
que te amo unidamente
como un beso ininterrumpido.

No has ya de dudar
que como dos hojas,
sin paredes limitadoras,
nos hemos
de perder en una inmensidad
de tranquilidades amorosas.

No he de dudar
que ya concéntrome tempestuosamente,
como un viento libre,
en ti.

En ti están las poesías,
las ansias y las ráfagas
con que ya no he de dudar más
y entregándome a tu imperio rosa,
arrancaré al espacio
una brisa sentida
y con ella
nos iremos abrigándonos
de rendidos cantos en realizar.
 

SIERRA DE CÓRDOBA
Antonio Gala (19??-2???)
El olvido no existe. La belleza
se añora sin cesar y se persigue:
memoria y profecía de sí misma.
La belleza es un sino, lo mismo que la muerte.

Teníamos once años,
y la palabra abril significaba
igual para los dos…

Puede el amante
dejar de amar, pero, ay, amará siempre
el tiempo en el que amó:
cuando, al amanecer,
cabía el mundo entero
dentro de una mirada;
cuando rompió a cantar
lo que no se sentía con fuerza de decir.


página a cargo de Carlos J. Torres