¿Qué es el anarquismo?
El anarquismo no es un estado social en que
no hay leyes y el caos domina todo, sino un sistema teórico político
que ha tratado de establecer agresivamente lo que escribió Henry
David Thoreau: "The government is best which governs least."
De este modo, el conocido padre del anarquismo, el ruso Mikhail
Bakunin, declaró "Even when it commands the good, [un gobierno]
makes this valueless by commanding it; for every command slaps liberty
in the face" (Bookchin 26). La filosofía ácrata postula
que los seres humanos son capaces de llevar al cabo una sociedad de prosperidad
y paz sin una estructura administrativa y artificial impuesta arriba de
ellos. Esta sociedad--claramente utópica--sería entretejida
por relaciones e intercambios voluntarios y también por la creencia
compartida de lo bueno colectivo. "Strictly speaking, anarchism means
without authority, rulerless--hence, a stateless society based on self-administration...Anarchism
is a great libidinal movement of humanity to shake off the repressive apparatus
created by hierarchical society" (Bookchin 17). De la misma manera
en que se ve cualquier gobierno como una autoridad y así la cima
de una jerarquía social, la mayoría de los anarquistas también
rechazaba la existencia de Dios.
El anarquismo está
vinculado frecuentamente con la violencia y el terrorismo; sin embargo,
la verdad es que más gobiernos (supuestamente) democráticos
e igualitarios han ejecutado a los anarquistas--a veces sin un juicio--que
los anarquistas han matado por su parte. No obstante, Bakunin recomendó
el uso de violencia para anarquizarse el sistema político-social
que existía para cambiarlo al anarquismo. (En España,
estos actos del terrorismo fueron llamados atentados.) Lo
interesante es que ambos Bakunin y Kropotkin previeron una organización
pequeña de liderazgo en sus épocas posrevolucionarias.
¿Por qué España?
Aunque el anarquismo era un desarrollo político
que tenía influencia en muchos países europeos y americanos
durante la segunda mitad del siglo XIX, se puede decir sin miedo de equivocarse
que solamente en España ocurría una manifestación
ácrata que duraba como movimiento por más de sesenta años
y representaba una verdadera amenaza para el régimen antiguo.
El anarquismo español era de tan fuerza y complejidad que, a diferencia
de otras manifestaciones nacionales, produjo conflictos internos entre
diferentes escuelas ácratas y aun su propia ideología estética.
Entre los autores canónicos de la época que participaron
o coquetearon en el anarquismo español se encuentran Ramón
de Valle-Inclán, Miguel
de Unamuno, «Azorín»
y Pío Baroja--los
cuatro miembros más ilustres de la llamada Generación
de '98.
El anarquismo duraba
como fuerza política y social en España entre 1868 y el estallido
de la Guerra Civil (1936-1939). Durante este periodo, el anarquismo
era más organizado y formidable entre los años 1880 y 1915,
pues la guerra mundial y luego el adventimiento de los régimenes
totalitarios de Primo de Rivera (1923-1930) y de Francisco Franco (1939-1975)
aseguraron que la mayoría de la resistencia política fue
oprimida o eliminada. En cuanto al desarrollo prodigioso del anarquismo
español, muchos historiadores han cuestionado ¿por qué
ocurrió tan extensivamente en este país en lugar de otros?
Como plantean Gerald Brenan y Raymond Carr, el movimiento obrero ya había
existido antes de la famosa llegada del anarquismo bakuninista en el otoño
de 1868; aun más, la resistencia dura de los industrialistas en
contra de los nuevos sindicatos sólo aumentaba el alejamiento de
los obreros y su creciente afinidad con el radicalismo. Además,
como nos señala Carr, "Whereas socialist unionism tended to appeal
to established workers, anarchism was always to attract the new recruits
to industry, the rural workers caught in a strange impersonal world, and
the artisan displaced and pauperized by industrialization...Sometimes anarchism
seems...a protest of the members of a traditional society against the inroads
of capitalism" (57). Así Carr caracteriza una gran parte de
la identidad de las bases del anarquismo, pues durante la segunda mitad
del siglo XIX muchos campesinos llegaban a los centros industriales de
España--principalmente Madrid, Bilbao y Barcelona.
La otra manifestación
del anarquismo que ocurrió en las zonas rurales de Andalucía
ha sido definida como un movimiento social "primitivo" con distintas tendencias
milenarias (Hobsbawm 78-9, 83). Brenan nos apunta que la ideología
ácrata fue llamada sencillamente "la idea" en Andalucía y
"was carried from village to village by Anarchist 'apostles'" (157).
La novela de Vicente
Blasco Ibáñez, La bodega (1905), nos presenta
el movimiento rural y unos de estos apóstoles llamado simbólicamente
Fernando Salvatierra. En el campo, entonces, la influencia religiosa
y visiones apocalípticas-revolucionarias tuvieron más que
ver con lo que pasó en Andalucía que en las zonas urbanas.
De hecho, muchos de los prominentes anarquistas madrileños y catalanes
rechazaron catagóricamente la existencia de Dios y así era
dificilísimo coordinar los programas de los movimientos rurales
y urbanos. El principio ácrata de suma transcendencia era
que cada sindicato o región podía participar en el movimiento
por su propia elección; de esta manera, "This freedom of choice
has certainly acted often to the advantage of the Government, who have
been able to suppress anarchist movements at their leisure in one province
after another" (Brenan 146).
Otro factor que ayudaba
el desarrollo del anarquismo español al fin de siglo era la presencia
extendida de nuevos
periódicos y revistas de la naturaleza política e intelectual
en las cuidades. Sobre todo, la revista madrileña llamada
La revista blanca publicaba muchos ensayos críticos sobre
temas políticas, sociales y literarios. El historiador George
Richard Esenwein ha planteado que La revista blanca era "the longest-running
and perhaps most influential anarquist periodical in Spanish history" (202).
El movimiento ácrata urbano.
A diferencia de otros movimientos políticos,
es posible señalar con precisión cuando el anarquismo bakuninista
comenzó en España. El 24 de noviembre de 1868, un agente
y amigo de Bakunin llamado Giuseppi Fanelli llegó a Barcelona y
organizó la
primera reunión ácrata para formar una delegación
de obreros españoles y luego incluirla en el comite de la AIT (la
Alianza Internacional de Trabajadores). Antés de la ruptura
entre Bakunin y Carlos Marx en 1871-72, la facción bakunista participaba
activamente en las reuniones de la International. Y aunque Fanelli
no podía hablar español, en una mezcla de francés
y italiano comunicó bien a más de veinte intelectuales y
líderes de sindicatos su mensaje de la maldad de autoridad política.
Entre los participantes estaba Anselmo
Lorenzo, el "abuelo del anarquismo español". A pesar de
la barrera lingüística, Lorenzo escribió que:
"No sólo nos identificamos con sus pensamientos, sino que merced
a su mímica expresiva llegamos todos a sentirnos poseídos
del mayor entusiasmo" (El proletariado militante 20). Antes
de su regreso a Suiza, Fanelli también organizó un núcleo
ácrata en Madrid. Sin embargo, según Lorenzo, los dos
centros urbanos de los anarquistas no eran iguales. En esa época,
Barcelona era más industrial que Madrid. De este modo, cuando
una gran parte de la población se convirtió pronto al anarquismo
no se debió, según Lorenzo, a la actividad madrileña,
sino a la de Cataluña (El proletariado militante 32-33).
Así pues entre los años 1868 y 1870, el número de
socios de la rama española de la Internacional fundada por Fanelli
crecía de veintiuno a más de quince mil.
En 2 de septiembre de
1872, Bakunin fue expulsado de la AIT y el anarquismo perdió mucho
prestigio y fuerza a través de canales populares. No obstante,
el anarquismo seguía expandiéndose en los centros urbanos
europeos. La actividad ácrata y la promesa de más organización
obrera en Madrid y Barcelona coincidieron con la segunda guerra carlista
en 1872; por causa de esta creciente radicalización y la vulnerabilidad
del gobierno, mucha persecución en contra de los anarquistas españoles
comenzaba en los años 1870. Algunos líderes como Anselmo
Lorenzo tuvieron que exiliarse a Portugal y el movimiento se vio obligado
a pasar más a la clandestinidad. En esta época la rama
inició por Fanelli se dividía en varias organizaciones, a
veces más vinculadas al socialismo o al sindicalismo y al anarcosindicalismo.
Entre las organizaciones más conocidas eran: la Federación
Anarquista Ibérica (FAI); el Partido Socialista Obrero Español
(PSOE), fundado en 1879; la Federación de Trabajadores de la Región
Española (FTRE), 1881-1888; y la Unión General de Trabajadores
(UGT), fundada en 1888. (La famosa Confederación Nacional
de Trabajo [CNT] se formó en 1910 y tenía mucha influencia
antes de la Guerra Civil.)
Es curioso observar
que esta aparente desorganización del movimiento ácrata se
convertía en una ventaja enfrente de los varios periodos de represión
estatal: cada vez que la policía o el ejército disolvió
una huelga con fuerza, o un juez aprobó la pena de muerte para un
anarquista con el consentimiento estatal, las varias organizaciones del
movimiento se inspiraron con nuevo ímpetu y luego re-coordinaron
sus esfuerzos. La postura anti-nacionalista de los anarquistas aumentaba
esta elasticidad, pues la persecución de líderes sindicalistas
y anarquistas en otros países servía para crecer un sentido
de cofradía que se extendía a través de líneas
nacionales. El caso del motín de Haymarket Square en Chicago
EEUU, en mayo de 1886, fue representivo de esta motriz, porque mucha protesta
internacional estalló tras de las
ejecuciones brutales de cuatro presuntos anarquistas, todos condenados
a muerte sin prueba de su participación en el atentado.
Entre los años
1880 y 1910, el mundo era testigo de mucha actividad ácrata; sin
embargo, no cabe la menor duda de que los hechos que recibían la
más publicidad fueron los actos terroristas--o atentados--cometidos
por los anarquistas. Estos atentados no representaban la desesperación
del movimiento, pues el propio Bakunin ha abogado el terrorismo como parte
de su programa para anarquizarse una sociedad. Unidos con huelgas
generales, los atentados pueden incitar a los proletariados "as to awaken
them from the apathy thought to be the result of centuries of oppression...the
anarchists resorted to violence and force because they were viewed as a
necessary means to an end" (Esenwein 168). Por supuesto, el terrorismo
también servía para reafirmar la idea del peligro enorme
representado por la anarquía desde la óptica del gobierno
y del público en general, y así seguía justificando
la represión atroz por las autoridades. Entre los actos terroristas
más conocidos y asombrosos eran: el atentado del Teatro
Liceu en Barcelona--un nuevo edificio que fue percibido por los anarquistas
como un simbolo de la burguesía--en 7 de noviembre de 1892; el atentado
de la Procesión de Corpus Christi en la Calle de Cambios Nuevos
en Barcelona en 7 de julio de 1896; y el asesinato de Antonio Cánovas
del Castillo por un anarquista italiano en 8 de agosto de 1897. A
pesar de la crueldad de estos atentados, algunos historiadores han sugerido
que los primeros atentados de 1890-92 fueron actos amenazadores y simbólicos
más que nada; los atentados posteriores que mataron a los ciudadanos
pueden ser vistos--según estos historiadores--como una reacción
en contra de la creciente brutalidad de las autoridades (véase,
por ejemplo, Bookchin 121-22).
La actividad ácrata
urbana se culminó en 1909 durante el dicha Semana Trágica.
En julio de ese año, los anarquistas y algunos sindicatos obreros
organizaron una huelga general en Cataluña; aunque la huelga tuvo
mucho éxito en Barcelona y en varios pueblos catalanes, no se extendió
fuera de la región. Asimismo, la represión de los obreros
por la policia produjo lo que el eminente historiador Raymond Carr ha identificado
como "a muddled, confused affair of street demonstrations, a strike, and
an outburst of church burning... [pero] ...the Tragic Week was not a social
revolution. It was a revuelta, a revolt" que debilitó
al gobierno y ayudaba el establecimiento de los régimenes militares
de los años posteriores (75-77).
Es importante que notemos
que el programa anarquista español no se manifestaba como algo puramente
político, sino el movimiento ofrecía nuevos conceptos en
términos del arte y la educacción. Varios críticos
y artistas ácratas--como, por ejemplo, Leopoldo Bonafulla, Teobaldo
Nieva y Verdes Montenegro--formulaban una
nueva estética ácrata en cuanto a las artes plásticos.
Asimismo, antes de su ejecución por el gobierno, Francisco Ferrer
(1859-1909) estableció la famosa y progresiva Escuela Moderna en
que no existía ningunas preferencias de la clase y la doctrina religiosa
no era diseminada a los estudiantes. Aunque Ferrer no era un anarquista
muy pronunciado, entre sus amigos eran los anarquistas de la línea
dura, Anselmo Lorenzo y Mateo Morral. En 1906, Morral tiró
una bomba al rey de España y este suceso llevó al encarcelamiento
de Ferrer y a su muerte tras los estallidos de la Semana Trágica.
De esta manera, yo creo que una conclusión general puede ser ofrecida
en que la práctica de violencia por los anarquistas--aunque un medio
para lograr un fin--servía más para debilitar la implementación
de sus programas más que avanzarla.
El anarquismo rural en Andalucía.
En los años 1880, el movimiento anarquista se desarrollaba también
en el campo andaluz con características bien diferentes. Es
importante notar que esta manifestación sólo era ligeramente
anarquista, con raíces más sociales (aun religiosas) que
políticas. De hecho, la mayoría de los campesinos estaba
acostumbrada a llamar su programa de reforma social «el comunismo
libertario». Hasta esta época, la región andaluz
había mantenido un sistema social básicamente feudal con
los índices de analfabetismo más altos del continente europeo,
propietarios ausentes que dominaban la tierra con la aprobación
de la iglesia y una población pobre y abyecto. El anarquismo
aquí--o «la idea», como lo identificaban «los
apóstoles» que diseminaban varios aspectos de la ideología--se
desarrollaba enfrente de la cuestión de la reforma agraria y para
ofrecer un desafío a la introducción de programas económicas
más relacionadas con el capitalismo. Aun más, como
nos indica el etnográfo Julian Pitt-Rivers, la estructura social
andaluz fomentaba la atracción que el anarquismo ejercía
sobre la gente rural: "The concept of the pueblo as the unique political
unit was so deeply imbedded in the outlook of the peasants that it became
a cornerstone in the Anarchist policy. The Anarchists sought, in
fact, not to break this political monopoly, but rather to become empowered
with it and to eliminate the governing class [los propietarios ausentes
y líderes políticos de los centros urbanos]..." (17).
Además, cuando las primeras indicaciones de la radicalización
de los obreros se aparecían en los años 1840, el gobierno
inauguró en 1844 un sistema de vigilancia muy injusto y discriminatorio
a los proletariados: la Guardia Civil. Típicamente,
esta Guardia Civil sacaba el control en un pueblo, y a través de
la cooperación de los propietarios y la práctica del caciquismo,
llegaba a dominar a los obreros en mayor medida. Sin embargo, la
presencia de la Guardia aumentaba inadvertidamente el descontento del pueblo
más por sus tácticas torpes que su caciquismo. "A force
apart, increasingly detested, the Guardia became easily unnerved
and trigger-happy, escalating minor protests into riots and riots into
insurrections. Whatever support the revolutionary groups could not
mobilize with their literature and oratory, the Guardia gained for
them with their carbines" (Bookchin 95).
El movimiento
andaluz se culminó en el episodio de la Mano Negra (1882-84)--un
nombre bien siniestro inventado por la policia de Jerez de la Frontera.
Supuestamente, la Mano Negra era una sociedad secreta de asesinos ácratas
que intentaba matar a los ricos y a otras personas que no estaban de acuerdo
con su ideología. En realidad, la Mano Negra fue una excusa
por los propietarios y sus siguientes para aplastar la mera asociación
de obreros en el nombre del orden social hacia del bandolerismo.
En 1882 y 1883, cada crimen fue atribuido a esta organización secreta,
y el progreso publicitado de varios juicios producía miedo y odio
en las clases burguesas en todo el país (Kaplan 129). A veces,
la prensa sugería que esta conspiración utilizaba
la complicidad de la gente decente de los centros urbanos y algunos traidores
de los obreros.
Lo claro es que la invención
de la Mano Negra efectivamente aplastó la radicalización
rural por algunos años, aunque no se acabó completamente.
Por ejemplo, una revuelta muy grande ocurrió en Jerez de la Frontera
en enero de 1892; sin embargo, según muchos testigos, la manifestación
no demostraba mucha organización ni dirección y las autoridades
les aplastaron a los obreros muy fácilmente (esta revuelta ineficaz
ha sido retratada memorablemente por Vicente
Blasco Ibáñez en su novela, La Bodega).
También, en 1932 una insurrección pequeña guiada por
un viejo anarquista llamado Seisdados estalló en el pueblito Casas
Viejas. Este pueblito, cerca de Jerez de la Frontera, fue el escenario
de una matanza pesadillesca por la parte de las autoridades en la cual
más de quince personas--incluyendo niños--fueron ametralladas.
Un escándalo nacional siguió. Murray Bookchin escribe
que el caso de Casas Viejas "crystallized all the frustrations, resentments,
and barbarities that finally caused the government to resign nine months
later" (247).
Para ver más información sobre
la trayectoria del anarquismo español en inglés, hay otro
enlace aquí.