Vicente Blasco Ibáñez y su novela, La bodega (1905)

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928).  La biografía de Blasco Ibáñez nos ofrece un ejemplo destacado de una combinación prolífica de participación política y literaria.  El novelista nació en Valencia y cuando ya tenía dieciseis años, se matriculó en la Facultad de Derecho en la universidad de su ciudad natal.  El joven Blasco Ibáñez comenzó a establecer algunas revistas literarias y políticas y se graduó con su título de derecho en 1888.  A través de su vida, Blasco Ibáñez organizaba manifestaciones políticas--tales como las en contra de los gobiernos de Sagasta y Cánovas y de la guerra cubana--y publicaba muchos artículos.  A veces Blasco Ibáñez fue exiliado por su radicalización y en 1896 fue encarcelado por seis meses.  A pesar de su actividad política, Blasco Ibáñez era el novelista más popular y exitoso (comercialmente hablando) de su época.  Entre sus novelas más conocidas son La barraca (1898), Entre naranjos (1900), Cañas y barro (1902), La horda (1905) y Sangre y arena (1908).  Con frecuencia, los críticos literarios han nombrado a Blasco Ibáñez «el Zola español» por las tendencias naturalistas de las obras de su primera época; asimismo, era buen amigo del novelista francés y ellos se reunieron en París en 1902.  Por estas inclinaciones y algunos comentarios negativos por los novetayochentistas más respetuosos, Blasco Ibáñez no ha sido incluido en este ilustre círculo literario.  Y a pesar del intento rescatador de algunos críticos (véase, por ejemplo:  Cardwell, Richard A., "Blasco Ibáñez, la protesta social y la generación del noventayocho:  una contribución al debate", Boletín de la biblioteca de Menéndez-Pelayo  63 (1987):  311-32), es probable que el novelista valenciano continúe estar en los margenes del canon.
 
     La novela La bodega fue escrita entre diciembre 1904 y febrero 1905 y aunque este tiempo se ubica en la mitad de la época más productiva del autor, la novela no ha recibido mucha atención crítica.  Como Aurora roja (1905) de Baroja, la acción de La bodega ocurre en los últimos años de los 1880 hasta el invierno de 1892, en lo cual ocurrió la revuelta sangrienta en Jerez descrita en el noveno capítulo.  Así, como la novela barojiana, nos presenta la radicalización del pueblo después de la cima de la actividad ácrata; entonces vemos el anarquismo moribundo o lo que queda el movimiento de "la época heroica".  Otra comparación general a la obra barojiana sería que la actividad política-social sirve como trasfondo para presentarnos relaciones más personales.  De esta manera, vemos lo que pasa entre Fermín Montenegro (quien representa lo más parecido a un protagonista que nos ofrece Blasco Ibáñez), su hermana María de la Luz, los latifundios Dupont y el revolucionario mesiánico Fernando Salvatierra entre otros.  Mi observación general en cuanto a los personajes es que Blasco Ibáñez nos presenta un verdadero montón, pero no ata bien los cabos sueltos.  Es cierto que más vale evaluar La bodega como novela sociológica antes de leerla para entender lo que hacen los personajes.
     A diferencia de Aurora roja, La bodega trata la existencia jerezana en los viñedos.  Es decir, la ciudad no se aparece mucho en La bodega.  Este escenario pone en relieve los problemas y las injusticias sociales que fomentaban el anarquismo en las últimas décadas del siglo XIX:  los propietarios ausentes (como los Dupont), la presencia intimidadoria de la Guardia Civil y la mala salud, analfabetismo, fanaticismo y embriaguez de los campesinos.  El viñedo central de la novela--llamado notablemente Marchamalo--se había estructurado de modo feudal.  Como nos apunta el narrador parcial, "La bodega era la moderna fortaleza feudal que mantenía las masas en la servidumbre y la abyección" (Blasco Ibáñez 180).
     El primo del dueño de Marchamalo, Luis Dupont, se comporta como una nueva versión del voraz Comendador de Fuenteovejuna (1612) por Lope de Vega; este Luis sirve de catalizador del argumento de la novela--por ejemplo, cuando viola a María de la Luz (Blasco Ibáñez 253).  A veces Luis explota la confianza de los obreros de su tío Pablo, particularmente la de los gitanos que trabajan en la finca.  Luis llama a los jornaleros "canalla", pero trata de tener relaciones sexuales con las mujeres.  Lo más interesante, sin embargo, en términos de la sociología de La bodega, es el discurso que Luis da para conseguir un cargo político.  Enfrente de muchos espectadores de la clase media y alta de Jerez, Luis declara su programa en contra de los sindicatos y los huelguistas:  "Un poco de caridad; y después religión, mucha religión, palo al que se desmandase" (Blasco Ibáñez 232).  También a Luis le gusta ofrecer el vino a sus jornaleros de vez en cuando para mantener su abyección.  "Era un placer de patricio romano embriagando a sus clientes y esclavos con bebida de emperadores" (Blasco Ibáñez 249).  Al final de la novela, Fermín Montenegro lo mató a Luis--no por la violación de su hermana tanto como por la afrenta de la honra familial (Blasco Ibáñez 313-14).  Estructuralmente hablando, Fermín no nos parece ser un personaje bien concebido sino un mero vehículo que sirve unificar los primeros y los últimos capítulos de la novela.
     No cabe la menor duda de que el personaje más interesante y original de La bodega es el viejo anarquista, Fernando Salvatierra (otra vez, un nombre de importancia).  Este hombre habla parabólicamente como Jesucristo y participó en el activismo de la época heroica.  El narrador describe a Salvatierra así:  "Era el hombre de siempre, insensible para el dolor propio, conmovido ante el sufrimiento de los demás...Él sólo bebía agua, y en cuanto a comer, se resistió a tomar otra cosa que un pedazo de pan y otro de queso" (Blasco Ibáñez 9).  (Fermín, aparentemente, es un discípulo de Salvatierra pero no participa en el activismo de la novela.)  Salvatierra, a pesar de su semblante mesiánico, es claramente un ateo (Blasco Ibáñez 185) y critica duramente la religión católica y la tendencia de los pobres de emborracharse:  "¡El vino!-- exclamaba Salvatierra--.  Ese es el mejor enemigo de este país:  mata las energías...acaba con la vida prematuramente; todo lo destruye" (Blasco Ibáñez 181).
     Como metáfora de la explotación de los obreros de Marchamalo, no creo que haya un símbolo más apropriado y que haga reflexionar que el vino.  De esta manera, el vino sirve simbólicamente como la fruta de la clásica novela sociológica del norteamericano John Steinbeck, Las uvas de ira (1939).  Los finos vinos de la finca Marchamalo están vendidos a los ingleses y a los burgueses urbanos.  Por otro lado, los gitanos y jornaleros que producen este vino dulce subsiste a base de "un caldo de vinagre, que casi siempre era vino de la cosecha anterior, que se habría torcido" (Blasco Ibáñez 95).  En el nivel de los personajes, la embriguez que está avanzada por Luis Dupont durante sus fiestas fomenta la enfermedad y la muerte de la gitanita Mari-Cruz (Blasco Ibáñez 201-5) y la violación de la hermana de Fermín (Blasco Ibáñez 253).
     Hay más acción en esta novela que en Aurora roja; de hecho, hay una huelga prolongada y una manifestación en Jerez que llega a ser violenta en la segunda parte de la novela.  Salvatierra no participa en la revuelta jerezana aunque los campesinos esperan a su llegada como el segundo Advenimiento.  Durante la revuelta, los participantes matan a un joven inocente a sangre fría (Blasco Ibáñez 302).  Me parece que la actitud de Blasco Ibáñez en cuanto a la violencia se parece mucho a la de Baroja en esa instancia, pues no mejora nada:  como el atentado en el Teatro Liceu, el motín jerezano es una farsa sangrienta y luego las autoridades redoblan su represión a los campesinos radicalizados.
     En relación con el dicho naturalismo de Blasco Ibáñez, lo curioso es que no creo que la novela nos presente mucho.  El discurso más naturalista pertenece a un párrafo de Salvatierra en que le dice lamentablemente a Fermín, "Esa gente sufre y calla...porque las enseñanzas que heredaron de sus antecesores son más fuertes que sus cóleras" (Blasco Ibáñez 181).  A pesar de la opresión del ambiente del viñedo, Blasco Ibáñez nos indica que es posible escaparse--como lo hacen Fermín, su cuñado Rafael y María de la Luz al final de la novela.  A fin de cuentas, me parece que Blasco Ibáñez cree todavía en la posibilidad de la libertad del ser humano a través de su activismo.  De esta manera, La bodega parece ser una novela sociológica más optimista que Aurora roja de Baroja.
 

Para ver un sitio electrónico excelente que presenta la casa-museo de Blasco Ibáñez en Valencia (con enlaces críticos y biográficos).
 
(Las citas son de:  Blasco Ibáñez, Vicente.  La bodega.  Barcelona:  Editorial Planeta, 1948.)

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