Similarmente a las
ideas azorianas hacia urbanización, Pío Baroja se opone también
radicalmente a la ciudad moderna. Baroja ataca la urbanización del
lado industrial. Hace un centralización en el efecto de las
fabricas en las ciudades y como estas destruyen la mente de la gente.
Esta actitud es clara en su trilogía "La lucha por la vida."
Esta trilogía constituye en tres obras; La busca, Mala hierba, y
Aurora roja.
En cada una de estas obras, Baroja nos presenta diferentes cuadros que
reflejan las monstrusidades de la urbanización. Por ejemplo, en
La busca, el escenaro fundamental es el así llamado cinturon de
Madrid. Esta es la zona de chabolas que rodea a la creciente ciudad
industrial. Estos paisajes, sin embargo, a pesar de estar comprendidos
en el Madrid moderno, estan separados de la ciudad por un abismo infinito
e insalvable. En esos barrios de demigrante miseria se apila una
basura humana compuesta por trabajadores, vagos y maleantes. El personaje
central, Manuel, hace solo unas cuantas y breves incursiones a Madrid desde
los arrabales a donde se ve obligado a regresar. Manuel siempre contempla
la ciudad desde la distancia como si fuese remota e inacesible fortaleza.
Desde lejos de veía Madrid envuelto en una nube de polvo, con sus
casas amarillentas. Las altas vidrieras relucían a la luz
del sol poniente. Algunas veces Baroja subraya el sentimiento de
irrealidad que la ciudad produce en Manuel, un exiliado de las chabolas.
En el silencio del amanecer, la ciudad y la distante vista eran tan irreales
como la lejana vision de una pintura.
Tras breves incursiones a Madrid, Manuel siempre es expulsado de la ciudad
como si esta lo vomitara de regreso a las chabolas. Manuel termina
sintiendose seguro en el basurero de esos barrios. Se identifica
con la basura, puesto que él también es detritus de la vida
urbana. Al final, cuando Manuel entra finalmente en la ciudad, tiene
de ella una vision dantesca: diez o doce hornillos puestos en hilera vomitaban
por sus chimeneas un humo espeso y acre... las siluetas de unos cuantos
hombres que removían la masa de asfalto en las calderas con largos
palos, se agitaban diabolicamente ante las bocas inflamadas de los hornillos.
Baroja no adopta ninguna posición politica en La busca. Presenta
todos estos detalles narrativos con objetividad naturalista, pero a pesar
de ello sus vividas descripciones de la vida en estos barrios nos llevan
a la critica implicita de la ciudad moderna como obvia y monstruosa consecuencia
del industrialismo. En La busca, Baroja describe la pauperrima masa
de gente relegada lejos de la ciudad, convenientemente escondida de la
burguesía para no ofenderla con el espectaculo de su pobreza.
Él nos ofrece dramatico detalles de calles sin empedrar, fetidos
y repugnantes pantanos, basureros y miseria fisica y moral. La perdida
de contacto con la vieja sociedad rural y las nuevas y caoticas condiciones
de vida en la ciudad producen, como hace ver Baroja en esta novela, la
desintegración de la familia, vagancia, criminalidad, alcoholismo,
corrupción de menores y prostitución.
En la segunda novela, Mala hierba, vemos a Manuel entrando a la ciudad,
aunque siempre por negocios ilicitos, o solo vagabundeando. En esta
novela, la fabrica parece acercarse. Manuel pasa junto a ella, pero la
proximidad del edificio no disminuye su aspecto aterrador. Por el
contrario, la fabrica adquiere vida de manera zolesca y se convierte en
monstruo viviente que domina la ciudad con sus tentaculos de humo negro.
Mas adelante, Baroja compara las negras fumarolas de la fabrica con el
poderoso aliento de un monstruo. Esta novela se situa en gran parte
en los barrios pobres de Madrid, pero ya son barrios urbanos. El
contacto de la trilogía con la ciudad se ha establecido ya firmmente.
Ahora las diferencias de clase son mas obvias que en los remotos barrios
de la primera novela, y ya existe comunicación entre obreros que
propagan vagas noticias de las nuevas ideas sociales y de los movimientos
proletarios que se extendían entonces por Europa. El sentimiento
de rabia impotente de la primera novela empieza ahora a tomar forma, ahora
empieza a transformarse en odio dirigido contra los ricos y sugiere un
brote de verdadera conciencia social.
Finalmente la tercera novela, Aurora roja, se situa en plena ciudad y Manuel
llega a ser una especie de director de escena para introducirnos en el
naciente medio anarquista del proletariado militante de Madrid. Los
pensamientos y sentimientos de Manuel son descritos con un telon de fondo
industrial. Distraido, sigue con la vista los cambio de forma de
las negras columnas de humo que brotan de la chimenea de una fabrica.
Esta columnas se mueven y cambian de forma en el aire gris; a veces brotan
de los bordes de la chimenea como el agua de una fuente. En esta
novela, la mas politica de la trilogía, los humos de las fabricas
se extienden amenazadoramente sobre la ciudad como una manada de caballos
salvajes. Esta novela nos introduce en los medios anarquistas de
Madrid, el tono de premonición de este paisaje es puramente intencional.
Hay aqui, tal vez, una alusion al mito marxista del gran día, cuando
las hordas de las chabolas invadan la ciudad y la quemen ahogando a la
decadente y corrupta burguesía en un baño de sangre.
Aurora roja es implicitamente antiurbana. Como es una novela que
trata sobre anarquismo, trata sobre el principio de un movimiento que como
-observa James Joll- se produjo como resultado del impacto de la industrialización
en una sociedad fundamentalmente campesina y artesanal.