En lo que se refiere a la vida rural, para Azorín, el exodo rural
a las grandes ciudades destruye el equilibrio urbano-rural existente en
epocas preindustriales, y eso hace que las grandes ciudades sean absurdas.
Azorín atribuye la decadensia de España en el siglo XVIII
a la formación de grandes urbes que desde esa epoca atraían
a la población rural, que dejaba los campos sin cultivar. Ahora
ve como se repite el proceso con el advenimiento de la civilización
industrial. En su obra “ La Voluntad,” usando como plataforma el
personaje intelectual de Yuste, Azorín se queja y desespera del
futuro del campesinado que ha sido la base del país durante veinte
siglos de cristianismo. La emígración rural a las ciudades
aumenta cada día, y estos nuevo centros atraen con su falso brillo
al elemento mas saludable del campo, pues quienes emigran son los mas fuerte
y los mas inteligentes. dentro de poco año, concluye Azorín
atraves de este personaje, que solo quedara en el campo resido de hombres
estupidos y pasivos, incapaces de implantar una agricultura basada en uevos
metodos para una mejor y mayor productividad.
Atacando a la ciudad moralmente Azorín establese dos puntos de vista.
Él considera la vida urbana como corruptora de los valore tradicionales
populares. Posiblemente influenciado por las ideas de Alfred Fouille, a
quien menciona con frecuencia, Azorín basa sus razonamientos en
la tendencia innata del hombre a la imitación. Este es el espiritú
que anima los nuevos y grandes centros urbanos, allí crecen el vicio
y el crimén mas que en los campus. Los crimenes mas atroces casi
siempre ocurren primero en las ciudades extendiendose al campo y toda la
nación. Azorín ilustra su teoría con una naración
de una serie de asesinatos y cuerpos mutilados que empezo en 1876 con los
crimenes Billor. Este horrible modelo se extendio desde París, Marsella
y Toulouse hasta pequeñas aldeas del Niévre, el Loir et Cher
y el Eure et Loir. Azorín concluye su teoría en la
diferencia entre el criminal del campo y el criminal de la ciudad.
Segun él, el criminal del campo es mas generoso, y el criminal de
la ciudad es mas cruel y vil.
En su filosofía antiurbana el peor mal que Azorín atribuye a la ciudad es su tendencia a destruir la voluntad y la personalidad humana. En "Bohemia" nos describe los ideales de un escritor que lucha por abrirse paso, pero es finalmente vencído y destruido por la ciudad. Este escritor sueña con crear una obra maestra que, significativamente, se llamaría "Paisajes." La idea era de crear un libro que revivificaría la naturaleza con una serie de cuadros sin figuras, de manchas de color, y visiones, estado de alma a un pedazo de Naturaleza, sensaciones de la madre tierra.
Desgraciadamente la ejerción ominosa influente de la ciudad sobre el joven escritor logra que este libro nunca se escribiera. Devido a esto, este joven termina su vida como uno de tantos parasitos urbanos, muriendo prematuramente. En la ultima escena del cuento, la madre del escritor, una vieja aldeana vestida de luto, regresa a su pueblo bañada en lagrimas. Este mismo personaje del escrito también aparece como Antonio Azorín y La Voluntad. Antonio Azorín, tras una estancia en Madrid, encuentra que su pesimismo instintivo se ha consolidado; su voluntad ha acabado de disgregarse en este espectaculo de vanidades y miserias.
En "El Diario de un Enfermo," Azorín muestra mas aun su radicalismo
a la urbanización. Lo que para él al principio era
la meta de la humanidad es sin duda el monstruo que devora las generaciones
futuras. Azorín ahora destesta la tecnología moderna,
el telegrafo, los trenes y los barco, y califica al industrialismo moderno
de barbarie, peor que el salvajismo primitivo. La ciudad y el industrialismo
solo han servido para esclavizar al hombre a la despiadada lucha por el
dinero: lo han esclavizado a empresas ferroviarias y bancarias, han destruido
el individualismo, y ahora el hombre esta sometido a la masa, debe conformarse
con la mediocridad, y se siente ahogado en el enloquecedor tiempo urbano.
Para Azorín, la vidad en las aldeas puede parecer
monotona a primera vista, las horas parecen mas largas y aburridas, pero,
paradojicamente, como lo dice Antonio Azorín, en estas aldeas la
vida es vivida con mas pasion y es mas apreciada que en las ciudades.